Wednesday, May 21, 2008

La autocrítica burguesa en la literatura

El vecino del burgo, una clase social, un estilo de vida.
Quién más consciente de su condición que el burgués, poseedor de abundantes medios para expresar sus ideas y conseguir quienes las apoyen para su posterior materialización.
Tanto en la realidad como en la ficción, este hombre juega con un abanico de máscaras, y transforma el mundo en mera apariencia.
Puede estar triste, sumergirse en el drama de las miserias humanas, sentirse culpable, abrir los ojos y analizar las verdades verdaderas que los hechos gritan, que los pueblos cantan, y así exclamar: ¡qué desastre!
Esa capacidad apreciativa que iluminó a Baudelaire en Los Ojos de los pobres, donde comienza describiendo un lujoso café parisino en el cual se ha instalado junto a su amada, y frente a ellos, una familia andrajosa que no cesaba de mirar el espectáculo de la opulencia: “Los que escriben canciones dicen que el placer pone bondad en el alma y enternece el corazón. Con respecto a mí, aquella noche la canción estaba en lo cierto. No sólo me enternecía aquella familia de ojos, sino que sentía cierta vergüenza de nuestros vasos y nuestras botellas mayores que nuestra sed “.
Este perfecto animal humano domesticado, como lo definiría Huxley, sabe qué es bello y qué no lo es, considera, reconoce, “se reconoce”, y así encuentra más verdad que la exterior, la de los valores intrínsecos de su clase. Manifiesta claramente lo que siente: “eso es lo que odiaba, despreciaba y maldecía desde lo más profundo de mi ser: esa satisfacción, esa salud, y esa comodidad, ese optimismo bien cuidado del burgués, esa cría grasosa y próspera de lo mediocre, de lo normal, de lo promedio”, esto fue lo que pronunció Henry Heller en su camino a convertirse en Lobo Estepario.
Hubo quienes se contentaron con su posición burguesa, ya que gracias a ésta detentaron el tiempo suficiente para reflexionar sobre la libertad, sobre la existencia. Antoine Roquentin, protagonista de La Naúsea , escribía en su diario: “Esta noche estoy muy a mis anchas, burguesamente, en el mundo.” Trasformando, el sustantivo-adjetivo en adverbio. Incluso, su querida y pendenciera Anny le reprochaba: “Te suenas como un burgués, solemnemente, y toses en el pañuelo con satisfacción”.
Pero no todos se colocan la máscara de la autocrítica. Hay ocasiones donde el burgués escoge la impermeabilidad, y relaja todas sus cualidades reduciéndolas a la ceguera total, deseando con más ahínco llegar al Mundo Feliz de Huxley y al milagro del “soma”, la píldora del olvido.
Ésta es la careta de la comedia que ríe conforme con pensamientos como “soy necesario para el (injusto) equilibrio de la sociedad”, que ríe porque tiene poderosos cómplices, que ríe porque sabe que la autocrítica burguesa es una apariencia más; y que en la comodidad del alma persisten aquellos valores que los mantienen en pie, y sobre los cuales nada ni nadie ha podido actuar.
 
 
 
I. U.
Posted by ivanauez at 23:51:53
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