Anexo
Si muero
Dejad el balcón abierto
El niño come naranjas
(Desde mi balcón lo veo)
El segador siega el trigo
(Desde mi balcón lo siento)
Si muero
Dejad el balcón abierto
García Lorca en “Canciones”
Si muero
Dejad el balcón abierto
El niño come naranjas
(Desde mi balcón lo veo)
El segador siega el trigo
(Desde mi balcón lo siento)
Si muero
Dejad el balcón abierto
García Lorca en “Canciones”
Aunque hubiesen querido echarle cadenas, Federico García Lorca sabía bien cómo no amarrarse a un tema fijo. No sólo la inspiración divina y las facultades innatas fueron las que llevaron a este poeta andaluz a los rincones románticos del Parnaso, sino también, como él mismo confesó “la gracia de la técnica y del esfuerzo”.
Parte de su vida campestre en Fuente Vaqueros la dedicó a aprender letras y música con su madre; ya en esos momentos, el paisaje le susurraba versos:
la Naturaleza, las brisas serranas, el mundo gitano. Sus lecciones de piano y guitarra se continuaron durante y después de su licenciatura en Derecho en 1923.
La lectura de su obra, que parte en 1920 con la pieza teatral, El Maleficio de la Mariposa, es volver a las tradiciones, es vivirlas en la inocencia del poeta que las siente, que las recuerda cerca. Participamos del festival de imágenes que los octosílabos del Romancero Gitano despliegan.
El rumor del gitanismo como contenido esencial de su lírica, es desmentido tras una apreciación exhaustiva de su trabajo. La sensibilidad de sus rimas hace de sus romances una partitura dramática. Allí va el músico. Los escenarios y los diálogos se explayan para evidenciar su potencialidad teatral (es preciso recordar la afición de Lorca por el dibujo). Aquí el poetapintor.
Su amalgamada personalidad fue asesinada el 19 de agosto de 1936 durante la Guerra Civil Española, mientras sus lectores de ayer y hoy, a pedido del artista, han dejado “el balcón abierto”.
Ivana Uez